sábado, marzo 31, 2012

Ayudando al Hogar Temporal 3 Marías (México)

El Hogar Temporal 3 Marías ha puesto a la venta, varios artículos realmente muy lindos para recaudar fondos para los peludos de este albergue. Para más informes, escribe a: hogartemporal3marias@gmail.com


Entre los artículos que puedes comprar, tienen:


Tazas

Cerámica con motivos de perros. Tiene tapa/porta vasos.
Varios modelos y colores. $150 pesos





Collares
Para perros medianos y grandes. Hechos artesanalmente con bisutería y aplicaciones brasileñas.Base sintética, diferentes modelos. $200 cada uno




Relojes

Son de pared. Vienen en divertidos diseños (tigre, puerquito y conejo).
Miden 20 cm. $160 cada uno




Playeras

$150 para mujer cada una
$180 para hombre cada una
Este es el frente, en la espalda trae el logo de Hogar Temporal 3 Marias
Varios modelos y tallas.




Alcancías

Varios modelos y colores. $350 pesos



Cubreasientos para auto

Cuatro diseños y cuatro colores. $580



Y muchas cositas más, chéca sus álbumes.

Hazlo tú mismo - Perritos de toalla



Quizá en apariencia, esta manualidad no sea muy pro-animal como otras que hemos publicado, pero si lo ven del lado de los negocios es muy fácil, económica y muy bonita.

Las pueden vender como recuerditos de bautizos o cumpleaños, y el dinero donarlo a causas animaleras. O mejor aún, pueden hacerlos y donarlos a aquellos eventos que continuamente se realizan para ayudar a los animalitos ¿Cómo ven? ^^


Material
- Toallas faciales de colores
- Ligas (de preferencia medianas y delgadas)
- Un alfiler
- Un pompón pequeño (será la nariz)
- Silicón
- Botones (serán para los ojos)
- Cinta, listón, cadenitas (será para el collar)
- Fieltro para cortar las orejitas


Procedimiento




Fuente e imágenes de:
Aficionada

César López "Vampiro"



César "Vampiro" López nació en 1968 en la ciudad de Guadalajara, México. Fue guitarrista de Maná entre 1991 y 1994, a los cuales abandonó para comenzar a tocar en Azul Violeta.

Ha participado en varios proyectos musicales, grabando y tocando en conciertos como invitado, entre ellos:  Belanova, Los Concorde y Pastilla.

Actualmente se encuentra en un receso de su etapa con Jaguares y trabaja en su proyecto alternativo, Dopamina, una banda de rock formada además por Víctor Monroy (ex integrante de Pastilla) y Bugs (ex baterista de Jumbo).

Ahora que ya saben quien es este "Vampiro", nos toca hablar de algo que seguramente muchos de ustedes no sabían, que es vegetariano.

López cuenta que el apodo de Vampiro le viene desde la adolescencia, mucho antes de ser músico profesional, cuando dedicaba las noches a ensayar acordes de guitarra de los grupos británicos Pink Floyd y The Beatles. De hecho cita a George Harrison, guitarrista de estos últimos, como una de sus influencias más importantes.

En aquellos años de formación vivió una serie de venturosas coincidencias. Primero, sin saber nada del vegetarianismo como forma de vida, decidió que no comería carne nunca más simplemente porque no le gustaba. Luego se acercó a la filosofía Krishna de la India, debido a que su padre compró un par de libros que nadie de su familia más que él se interesó en leer, de ahí reafirmó su convicción vegetariana. Y enseguida en una noche de ensayos interminables descubrió que su grupo favorito, The Beatles, hacía mención al movimiento Krishna.

Les dejamos este video donde Jaguares nos invita a practicar la compasión por los animales.


Fuentes:
Chron
Peta
El diario

martes, marzo 27, 2012

Camita para perros o gatos - Modelo 1




Una camita bastante original y muy fácil de hacer, lo único que necesitarán es:

- Suéter viejo
- Relleno: delcrón, bolsas de plástico, retazos de tela, algodón  etc., lo que se les ocurra que sirva de relleno
- Hilo y aguja

El procedimiento es muy sencillo, solo tienen que rellenar todo el suéter (mangas y torso).
Unir las mangas con hilo.
Coser la parte de abajo del suéter y unirla con las mangas
Hacer una costura a la altura del pecho para darle mejor forma a la camita
Coser el cuello para que no se salga el relleno

... y listo.

Una camita para sus peludos sencilla, económica y calientita.


Fuente:

Perrita abandonada es adoptada por un asilo de ancianos



Stormy Edwards caminaba con su perro por el parque Stuart en Springfield, la noche de Acción de Gracias, cuando de repente escuchó los ladridos de un perro en peligro. Se acercó despació para ver que era lo que pasaba y encontró a Antoinette, una perrita abandonada en pleno parque.

Al lado de ella había una nota que comenzaba: “Mi nombre es Antoinette, Annie para abreviar”.

En la carta se mencionaba que Annie estaba esterilizada y explicaba que el propietario de Antoinette, una mujer, había caído enferma y no podía cuidar de ella. Ella tenía la esperanza de que otro amante de los animales encontrara a su perro en el parque y se lo llevara a su casa. La nota terminaba: "Por favor llévame a casa. Soy una perrita cariñosa".

“En ese momento fue cuando me puse a llorar”, confesó Edwards.

Annie finalmente fue llevada a un sitio especializado en cuidar animales en el condado de Sangamon, algo que su antiguo dueño hubiera deseado.

Carol Rodgers, voluntaria de la Protectora de Animales, vio a Annie y se acordó de que los propietarios de un hogar de ancianos estaban buscando un perro para promocionar la terapia con animales y beneficiar a los ancianos que viven en la residencia.

La protectora se puso en contacto con los propietarios de la residencia y cuando vieron a Annie se enamoraron a primera vista. Annie probó a realizar el trabajo en la residencia y el éxito fue inmediato.



Actualmente, Annie pasa los días caminando por el pasillo de la residencia saludando a todo el mundo. Ya ha aprendido que el comedor está fuera de sus límites y ha entendido perfectamente que tiene que ser suave y cariñosa con los residentes de edad avanzada.

“Todo el que ve a esta perrita se enamora de ella, es maravillosa”, dijo uno de los propietarios de la residencia.

Carol Rodgets, comentaba: “Annie es muy educada y creo que la persona que la dejó en el parque cuidó muy bien de ella hasta que no fue capaz de hacerlo”. “La situación me hace pensar que el antiguo propietario no sabía que hacer”. “Pudo haber sido una persona mayor que no supo como reaccionar”.


Fuente:


Historias de animales - Ralf, el perro milagro


Con su pelaje negro y gran lengua, Ralf se ha ganado una gran reputación desde que trabaja en el Hospital Royal Children de Melbourne, Australia. En el centro lo conocen como el "perro milagro".

Este schnauzer gigante guía a los pacientes por las salas y pasillos del hospital desinteresadamente todos los lunes. Incluso a pacientes que han recibido agotadoras sesiones de quimioterapia.

Ralf ayudó a Claire Couwenberg a caminar por primera vez después de haberle eliminado de su riñón un tumor canceroso. También le saco una sonrisa a Zeke Harrison, un niño de 15 meses de edad que tiene un trastorno genético en su cuerpo lo que hace que sea incapaz de descomponer proteínas.

La madre de Claire, Marie McPhee, hablaba asombrada cuando su hija se levantó y caminó por voluntad propia cuando Ralf entró en la habitación. "Tan pronto como lo vio, de forma lentamente e inestable, se puso de pie y comenzó a caminar sin poder detenerla”. “Estoy sin palabras. No lo puedo creer“, dijo la señora McPhee.
 

Fuente:

sábado, marzo 10, 2012

¿Cómo elijo qué perro adoptar?



Piolo Juvera se considera humorista y escritor —ciertamente hay que tener humor para considerarse escritor si no ha conseguido publicar su única novela—. Aunque comúnmente es freelancer, ha ocupado casi cualquier cargo posible en las redacciones de algunas revistas y un periódico. Es chilango treintañero, ciclista utilitario, improvisador profesional, tuitero empedernido, vegetariano incomprendido y fanático de los juegos de palabras.

Con esa descripción nos los presenta "Animal Político" y esta es la historia de como Piolo decidió adoptar un perrito.

"Al fin tomaste la decisión. Una que cambiará (para bien) la vida de por lo menos dos seres vivos. Ahora, ¿cómo elegir al idóneo? No estoy seguro… Pero puedo contarte mi caso, a ver si te sirve de algo.

A veces un amigo, un vecino, un conocido de Facebook o la vida misma te proponen adoptar un perro del cual quedas prendado irremediablemente y, sin dudarlo, te quedas con él. En ocasiones, el camino es al revés: primero elijes adoptar un perro y luego buscas cuál. Así fue en mi caso. Llevaba poco tiempo de vivir con mi novia, comenzamos a charlarlo y, casi de inmediato, nos convencimos de que queríamos hacerlo. Sin embargo, en medio de toda la ilusión creí importante sacar a relucir un delicado tema: si llegáramos a tronar, ¿quién se quedaría con él? No se trataba de ser ave de mal agüero, sino de ser fríamente realistas para que el nuevo miembro de la familia no tuviera que pagar los platos rotos (o los zapatos mordidos). Yo ya tenía dos gatos, que aunque eran igual de amados y consentidos por ambos, al final eran mi responsabilidad. Así que decidimos que nuestro hijo canino efectivamente sería “nuestro”, pero que si en alguna decisión vital con respecto a él no pudiéramos ponernos de acuerdo, ella tendría la última palabra; y que si nuestra relación no continuara, ella tendría la custodia. Una vez pasado ese traguito amargo, nos lanzamos a la dulce búsqueda.

Encontrar quien ofrezca animalitos en adopción es relativamente sencillo, pues lamentablemente hay muchísimos con necesidad de un hogar. Basta buscar en Google “perros en adopción” más la ciudad en la que vives y encontrarás muchísimos resultados. Así fui a dar con el albergue Cambia un destino, que estaba muy cerca de donde vivíamos, así que nos lanzamos a indagar. (Otra opción es recorrer las veterinarias, casi siempre tienen, cuando menos, anuncios al respecto).

Primero nos hicieron preguntas sobre nuestro estilo de vida, que son clave para elegir al perro más adecuado posible: de qué tamaño es el lugar donde vivíamos, si había niños, gatos u otros perros; cuántas veces podríamos pasearlo al día, etcétera. Luego de ese filtro nos mostraron, primero, perros de edad avanzada o con algunas dolencias marcadas, pues es mucho más difícil que “salgan”, de modo que es importante que hagan mucha “labor de venta” con ellos. Finalmente, casi cualquier humano puede entusiasmarse de inmediato con un tierno cachorrito.

Así conocimos a Bowie, un encantador perro que tenía, como el cantante homónimo, un ojo más claro que el otro. Era un jovenzuelo de tamaño mediano bastante juguetón. Lo habían atropellado y, aunque ya estaba fuera de peligro, le costaba mucho trabajo caminar: le había quedado una patita casi inutilizable. Nos cayó re bien. Nos invitaron a que lo paseáramos, a ver qué tal nos iba con él. Pero no le inspiramos tanta confianza y prefirió no alejarse del albergue con nosotros, por más que intentamos animarlo. Eso, sumado a que vivíamos en el quinto piso de un edificio sin elevador, nos disuadió de la idea de quedarnos con él. Afortunadamente, a los pocos meses nos enteramos que ya lo habían adoptado y que era feliz (con todo y que le cambiaron el nombre a “Pancho” y que su dueño le ponía camisetas de las Chivas).

Al final nos enseñaron unos cachorritos y nos encantaron. Pero cuando llamamos para mostrar nuestro interés por una en particular, resultó que ya la habían adoptado. Regresamos a los pocos días y nos enseñaron más y más perros. Nos quedamos pensándolo algunas jornadas. Queríamos todos. Por eso seguíamos sin ninguno. Volvimos con dos o tres en mente, queríamos convivir con ellos un poco más para tomar nuestra decisión final (lo cual no sólo lo permitían, sino que lo promovían: finalmente, estás eligiendo a un miembro de tu familia, no es una elección que deba hacerse a la ligera). Ese día nos recibió Ada, una mujer con quien, aunque ya no trabajaba ahí, seguimos teniendo muy buena relación. Y cómo no hacerlo: ¡nos dio a nuestra hija! En cuanto abrió la puerta, vimos un bonche de perros que no habíamos visto antes. Le preguntamos por ellos y nos dijo que también se ofrecían en adopción, que si queríamos lleváramos a dar una vuelta a alguno(s). A mí me encantó una cachorrita con aires de labrador y a mi chava, una más grandecita de edad (tenía como dos años) que traía un chaleco naranja.



Salimos con ellas. La “mía”, Nala, era mucho más juguetona. La del chaleco naranja, Maddy, era más bien tranquila y amorosa: no paraba de restregársele a mi novia en las piernas. “¡Es como un gato!”, decía emocionada. “Ah sí”, respondía yo, sin prestarle mucha atención, mientras veía encantado cómo Nala se metía a la fuente; la otra lo pensaba pero nomás no se animó. Corrimos un par de cuadras. Nala vomitó. Y casi de inmediato se comió la mitad de su vómito. Me hizo mucha gracia. A mi chava ni un poco. Entregamos a las perritas y nos fuimos a “pensarlo”. A los pocos minutos llegó ese peculiar momento en el que hay que poner sobre la mesa un tema importantísimo pero nomás no te animas por temor a no coincidir. Y el temor de hizo realidad. “¿En serio te gustó más el perro naranja?” Cuestioné a mi chava. Yo prefería a la “vomitona”, lo confieso. Pero de cualquier forma comencé a insistirle: “si quieres ésa, si estás segura, vamos por ella lo antes posible para que no nos la ganen.”

Fuimos. Noté que no era naranja. Me sumergí en las misteriosas profundidades de sus ojos, en esa azul mirada en la que ahora tengo la fortuna de chapotear a diario. Esa vez a mí también se me restregó. Me enamoré. Perdidamente. Maddy se convirtió en Martina —o “Marti”, de cariño y para que las sílabas del nombre le sonaran igual. Más importante aun: se convirtió en nuestra hija.

Luego de firmar los documentos, Ada nos confesó que ya había decidido que si esa semana no la adoptaban, ella misma se quedaría con Maddy, aunque ya tuviera otros tres canes rescatados en casa. Notamos que le costó trabajo desprenderse de ella, pero le creímos cuando nos aseguró que se sentía feliz de que se quedara con nosotros. Desde entonces, Ada dice, orgullosa, que ella es la madre biológica de Martina. Desde entonces, vivimos agradecidos con ella, nuestra Ada madrina.


Volviendo a la pregunta original: ¿cómo elijo qué perro adoptar? No lo sé. Yo tuve la suerte de que Martina eligiera como madre a quien yo elegí como pareja. Y eso me ahorró bastantes dolores de cabeza. Y de corazón. Aunque estoy seguro de que no habríamos podido tener un mejor perro, también creo que no hay forma de equivocarse en estos casos: partiendo de un acto de amor puro, de puro amor, cualquier elección que hagas al adoptar a un perro será la correcta.





Fuente:
Animal Político

Cómic gatuno: MIAU


José Fonollosa es el creador de "Miau", una serie de historietas, en general de 4 a 6 viñetas, en las que se relatan las peripecias de sus dos gatitas, Rufa y Belfi que comparten vida y techo, con el autor y su esposa, en el hogar de ambos.

La historia se inicia el 1o de enero del 2010 con la puesta en circulación del blog, "Miau, un webcómic sobre gatos", en el que Fonollosa empieza a publicar una serie de tiras con las aventuras de sus dos gatitas. La serie se convirtió en todo un éxito, por lo que se plasmó también en papel en forma de un álbum que reúne las tiras publicadas en Internet y algunas otras inéditas.

José Fonollosa nació en Vinarós, España en 1975 y desde muy niño se aficionó al dibujo que allá por los noventa desarrolló con los típicos fanzines. Se hizo profesional en el 2000, de la mano de Camacuc. También ha ilustrado diversos cómics entre los que se encuentran Billy Bob, Sebastián Lefou y El viaje de Darwin. Igualmente ha dibujado para Francia de la mano de la Editorial Dargaud.



Sus historias son reales, y en las tiras se refleja el comportamiento que tienen Dufa y Belfi en casa.

Acá les dejamos algunas anécdotas vividas por Fonollosa y sus dos traviesas felinas, plasmadas en cómic. Si quieren ver más historietas, chequen los enlaces al final de esta entrada ;)





Fuentes:
Miau cómic Oficial
Miau FB
AACE

Facilísimo Mascotas

El toro que narró su muerte



por Nadim David Vargas

Me tenían comiendo tranquilamente, pensé que eran personas bondadosas quienes me cuidaban, pero no; un día, todo lo que parecía ser bello, se convirtió en sombras, y así, es como narro mi muerte.


Fui trasladado a un cuarto oscuro, mi corazón palpitaba como si lo apretaran con dos inmensas manos ardientes, no sabía lo que ocurría. Me azotaron los riñones con costales y tablones, no entendía por qué me maltrataban, ¿qué de malo había hecho yo?, ¿por qué pasaba eso?, ¿por qué no había luz que me dejara ver lo que ocurría?, todas esas preguntas rondaban en mi cabeza mientras soportaba el dolor y el miedo.

Me sentía fatigado por los golpes, me sentía solo, pero la tortura a penas comenzaba. Entre sombras, alcancé a ver a unos hombres que me sujetaron con fuerza, otros hombres se abalanzaron hacia mi para untarme vaselina en los ojos, era horrible, no podía ver bien, mi propia respiración agitada me llenaba de angustia, el ardor que experimentaba no tenía precedente, era como si la sal de los mares se hubiera concentrado en mi mirada.

La pesadilla siguió, mientras mi respiración agitada trataba de inhalar tranquilidad y exhalar temor, nuevamente me atacaron, me introdujeron algodón en la nariz, me sentía enterrado en vida, sin luz, con ardor en los ojos, sin respirar bien, sin saber cuánto tiempo más duraría este tormento.

Tomaron mis patas, les untaron aguarrás, no me podía estar quieto, tenía la necesidad de estar de pie, no me podía echar, no podía descansar del sufrimiento, la sensación era horrible, mi sistema nervioso estaba a punto de colapsar, sentía que la adrenalina me envenenaba. De pronto, comencé a escuchar una oleada de voces, sentía la energía de cientos de personas, pero, era una presencia que me horrorizaba; no era la como la presencia de cientos de aves que volaban en el cielo libremente, sino como la presencia de cientos de llamas que incendiaban mi mente.

Por fin, salí del asqueroso cuarto, torturado, cansado, lleno de miedo, sin comprender nada de lo que sucedía. El salto de la oscuridad a la luz me impactó, mis pupilas se dilataron, los gritos de la multitud eran como olas que rompían en mi cerebro. Un hombre se encontraba frente a mi, con capa roja, oleaba el color de la sangre para provocarme, después, había otro hombre, estaba montado en un caballo, no sabía si ambos querían dañarme, miraba los ojos del caballo, y sólo me veía a mi mismo: al miedo y a la confusión encarnadas.

El hombre me trató de liquidar durante un rato, yo, sólo corría, trataba de defenderme, no quería dañar a nadie por maldad o por sadismo, sólo usaba los cuernos que eran parte de mi naturaleza para protegerme. Resistí un buen rato, el público aplaudió, parecía que eso era lo que tenía que hacer: sobrevivir.

El juego de la muerte continuaba, pero aún tenía fuerza, quería vivir. Mientras luchaba, mientras corría sin sentido, me clavaron banderillas, sentía cómo la sangre humedecía mi lomo. Como último momento, por si fuera poco, me encontraba frente a frente con el que llamaban: "matador". El hombre me engañó varias veces, sujetaba la capa con ambas manos, la ondeaba, me confundía, se escondía tras los colores que me distraían, era como el cocodrilo que yacía en el pantano bajo las ondas provocadas por la lluvia, se camuflajeaba, me estaba esperando, quería asesinarme, podía olerlo, podía verlo.

Una y otra vez corría hacia el movimiento púrpura que provocaba a mis instintos; las pocas veces que logré mirar al matador, sentí una profunda tristeza, miré sus ojos llenos de ira, no era él, era como si un demonio se hubiera posado en su alma y estuviera jugando con su miedo, era como si una sombra controlara su furia y tuviera encarcelada a su bondad. ¿Qué ha pasado con este hombre?, me pregunté. ¿Por qué hay tanto veneno en él?, ¿Por qué arremete contra mi como si fuera la suma de todos sus miedos?; la verdad, no lo comprendía.

Agitado por el juego de la muerte, con el ardor en mis ojos, con el polvo que me ahogaba, con la sangre que se secaba en mi cuerpo, con la pena que invadía mis entrañas por ver a aquél hombre cegado por su pasión, con todo ello, por fin, caí al suelo, agonizando, bebiendo mi propia sangre, sintiendo como la maravillosa fuerza que me había traído a la vida, me abandonaba poco a poco, el matador, ese hombre, me miró por última vez, yo esperaba que la misericordia tocara su alma, pero no, bajé la cabeza, y su espada me atravesó, consiguió lo que deseaba, matarme.

Dejé el cuerpo; afligido, miré cómo sonreía el hombre manchado de sangre, manchado de muerte, cortó con voracidad las orejas y el rabo de mi cuerpo inerte; seis mulas me arrastraron, mi tieso cuerpo, iba dejando la sangre sobre mi madre tierra, y la gente, sólo aplaudía, lanzaba flores, lanzaba sombreros.

Y así fue como morí, contemplando alegría en donde había muerte, escuchando euforia en donde había sufrimiento, viendo tragos de vino en donde había tragos de sangre. ¿Qué habrá dentro de esos corazones que gozaron con mi inmenso sufrimiento?, ¿Qué le espera a ese pobre hombre cuya hermosa luz de su mirada estaba extraviada en las sombras de la ira?, ¿Cuándo podrán los hombres mirar sin rencor u odio?, ¿Cuándo podrán los hombres sonreír, y proteger a la vida?, ¿Cuándo podrán los hombres dejar que la fuerza del amor, que creó todo, bañe sus espíritus?, ¿Cuándo terminarán los baños de sangre en los que se regocijan las sombras?.

¡Luz! ruego por que ilumines las mentes y los corazones de la humanidad.
¡Luz!, ruego por que los hagas experimentar el amor de verdad.

sábado, marzo 03, 2012

Documental - Mi nombre es Perro

Gong Fu Producciones, nos traen el documental "Mi nombre es Perro", el cuál trata sobre el maltrato animal y su situación actual. El compromiso es hacer voltear a quiénes no suelen hacerlo, dejando este gran documento con dotes artísticos, con valor de uso educativo y funcional.

Aún no tiene fecha de estreno, pero será en este año

Mientras tanto, ¡a difundir!



Historias de animales - Amor fraternal



Una historia algo larguita, pero que vale la pena leerla hasta el final.


-"¡Cuidado! ¡Casi te estrellas con ese carro! Me gritó mi padre. ¿Es que no puedes hacer nada bien?"

Esas palabras me dolieron más que un golpe. Volví mi cabeza hacia el anciano sentado en el asiento junto a mí, desafiándome a contestarle. Se me hizo un nudo en la garganta, y aparté los ojos. No estaba preparada por otra pelea.

-"Yo vi el carro papá. Por favor, no me grites cuando manejo".

Mi voz fue medida y firme, que sonaba mucho más calmada de lo que realmente me sentía.

Mi padre me miró furioso, después volvió su cabeza y se mantuvo callado. En casa lo dejé enfrente del televisor y salí para componer mis pensamientos.
Había oscuras y pesadas nubes en el cielo, prometiendo una lluvia. Un trueno distante retumbó como si fuera el eco de mi agitación interna. -¿Qué puedo hacer con él?-

Mi padre había sido leñador en el estado de Washington y Oregon. Había disfrutado la vida al aire libre y le gustaba medir su fuerza contra el poder de la naturaleza. Había entrado en agotadoras competiciones de leñadores, y a menudo ganaba. Los estantes de su casa estaban llenos de trofeos que probaban su habilidad.

Pero los años pasaron implacables. La primera vez que no pudo levantar un pesado tronco, hizo una broma sobre eso; pero luego el mismo día lo vi afuera solo, tratando de levantarlo. Se volvió irritable cada vez que alguien le hacía bromas sobre estar envejeciendo, o cuando no podía hacer algo que hacía cuando era joven.

Cuatro días antes de cumplir sesenta y siete años, tuvo un ataque al corazón. Una ambulancia lo llevó al hospital mientras el paramédico le hacía resucitación para mantener la sangre y el oxígeno circulando.

En el hospital, lo llevaron corriendo al cuarto de operaciones. Tuvo suerte, sobrevivió. Pero algo en el interior de papá, murió. El gusto por la vida desapareció.

Obstinadamente se negaba a seguir las órdenes del doctor. Las sugerencias y los ofrecimientos de ayuda eran rechazados con sarcasmo e insultos. El número de visitantes disminuyó, y finalmente cesaron. Papá quedó solo.

Mi esposo Dick y yo le pedimos que viniera a vivir con nosotros a nuestra pequeña granja. Esperábamos que el aire libre y la atmósfera de la granja le ayudaran a ajustar su vida.

Una semana después de su llegada, ya me habìa arrepentido de la invitación; nada le satisfacia. Criticaba todo lo que yo hacía. Me sentí frustrada y deprimida. Pronto me di cuenta que estaba desahogando mi rabia con Dick. Empezamos a discutir y a pelear.

Alarmado, Dick buscó al pastor y le explicó la situación. El pastor nos dio citas para aconsejarnos. Al final de cada sesión, él oraba, pidiéndole a Dios que calmara la turbada mente de papá.

Pero los meses pasaban y Dios guardaba silencio. Había que hacer algo y era yo la que lo tenía que hacer.

Al día siguiente me senté con la guía telefónica y llamé a cada una de las clínicas mentales que había en el libro. Expliqué mi problema a cada una de las voces llenas de simpatía que me contestaron. Justo cuando estaba perdiendo la esperanza, una de esas voces amables de repente exclamó, "¡Recién leí algo que podría ayudarla! Déjeme ir a buscar el artículo..."

Escuché mientras ella leía. El artículo describía el sorprendente estudio hecho en una clínica geriátrica. Todos los pacientes ancianos estaban con tratamiento por depresión crónica. En todos ellos sus actitudes mejoraron en forma excepcional cuando se les dio la responsabilidad de cuidar un perro.

Fui a la municipalidad a ver los perros ofrecidos en adopción. Después que llené un formulario, un oficial uniformado me llevó a los corrales de los perros. El olor a los desinfectantes inundó mi nariz cuando entré a las filas de jaulas. Cada una contenía de cinco a siete perros. Los había de pelo largo, enrulado, unos negros y otros con manchas que saltaban, tratando de alcanzarme. Los fui estudiando uno por uno pero los rechacé a todos por distintas razones, demasiado grande, o demasiado chico, o demasiado pelo, etc. Cuando llegué al último corral, un perro desde la esquina más alejada se paró con dificultad, caminó hacia el frente de la jaula y se sentó. Era un perro alaska, una de las razas de magnifica estampa de apariencia lobezna. Pero éste era una caricatura de la raza.

Los años habían puesto en su cara y hocico un poco de gris. Los huesos de sus caderas sobresalían en triángulos desiguales. Pero fueron sus ojos que atraparon mi atención. Calmados y límpidos, me observaban
fijamente.

Apuntando al perro, pregunté, "¿Qué me dice de éste?". El oficial miró, y sacudió su cabeza, intrigado.

"Él es un poco raro. Apareció no se sabe 
de dónde, y se sentó en el portón del frente. Lo dejamos entrar, pensando que quizá alguien viniera a reclamarlo. Eso fue hace dos semanas y nadie ha venido. Su tiempo termina mañana". Hizo un gesto, como diciendo que no se podía hacer nada.

Mientras las palabras entraban a mi mente, me volví al hombre con horror...


"¿Quiere decir que lo van a matar?"

"Señora", dijo dulcemente, "Es el reglamento. No hay lugar para todos los perros que nadie reclama."

Miré al alaska otra vez. Sus calmados ojos marrones esperaban mi decisión. "Lo tomaré", dije. Y manejé hasta casa con el perro sentado en el asiento delantero a mi lado. Cuando llegué a casa, toqué labocina dos veces. Lo estaba ayudando a bajar del auto cuando papá apareció en el porche del frente... -“¡Mira lo que te traje, papá!”- dije entusiasmada.

Papá miró, y puso una cara de disgusto.
“Si yo quisiera un perro lo hubiera buscado. Y hubiera elegido uno mejor que esta bolsa de huesos. Quédate con él, yo no lo quiero.” Agitó su brazo despectivamente y empezó a caminar hacia la casa.

El enojo creció dentro de mí. Me apretaba los músculos de la garganta y sentía latidos en las sienes.
-“¡Es mejor que te acostumbres a él papá, porque se queda con nosotros!”-
Papá me ignoró...
-“¿Me escuchaste, papá?”- Grité.
A estas palabras papá se volvió enojado, con sus manos apretadas a sus costados, con sus ojos entornados con odio.

Estábamos parados mirándonos fijamente como duelistas, cuando de repente, el alaska se soltó de mi mano. Fue cojeando despacio hasta mi padre y se sentó frente a él. Entonces muy despacio, cuidadosamente, levantó la pata delantera.

La quijada de mi padre tembló mientras se quedó mirando la pata levantada. La confusión reemplazó la ira de sus ojos. El alaska esperaba pacientemente. De pronto, papá estaba arrodillado, abrazando el animal.

Fue el principio de una cálida e íntima amistad. Papá lo llamó Cheyenne. Juntos, él y Cheyenne exploraron el vecindario. Pasaron largas horas caminando por polvorientos caminos. Iban a las orillas de los rápidos ríos, pasando largos momentos de reflexión. Incluso comenzaron a ir juntos a la iglesia los domingos, mi padre sentado en un banco y Cheyenne echado silencioso a sus pies.

Papá y Cheyenne fueron inseparables a través de los tres años siguientes. La amargura de mi padre se desvaneció, y él y Cheyenne hicieron muchos amigos.

Entonces, una noche, muy tarde, me extrañó sentir la fría nariz de Cheyenne revolviendo nuestras frazadas. Nunca antes había entrado a nuestro dormitorio en la noche. Desperté a Dick, me puse el salto de cama y corrí al cuarto de mi padre. Papá estaba en su cama, con una faz serena. Pero su espíritu se había ido silenciosamente en algún momento durante la noche.

Dos días más tarde, mi dolor se hizo todavía más profundo cuando descubrí a Cheyenne tendido muerto junto a la cama de papá. Envolví su cuerpo en la alfombra sobre la cual siempre había dormido. Mientras Dick y yo lo enterrábamos en su lugar favorito cercano al rio, le agradecí silenciosamente por la ayuda que me había dado para devolver a mi padre la paz y tranquilidad.

La mañana de funeral de papá amaneció nublada y sombría. Este día se ve de la misma manera que yo me siento, pensé, mientras caminaba hacia la línea de bancos de la iglesia reservados por familia. Estaba sorprendida de ver la cantidad de amigos que papá y Cheyenne habían hecho, que llenaban la iglesia. El pastor comenzó su elogio del difunto. Fue un tributo para papá y para el perro que había cambiado
su vida.

Entonces el pastor citó Hebreos 13:2 “No dejes de dar hospitalidad a forasteros, porque haciéndolo, algunos han recibido ángeles sin saberlo”. “Muchas veces he agradecido a Dios por haberme enviado un ángel,” dijo.

Entonces me di cuenta, y el pasado cayó todo en su lugar, completando un rompecabezas que no había visto antes: aquella amable y simpática voz que me leyó aquel artículo sobre el estudio en la clínica geriátrica. La inesperada aparición de Cheyenne en el lugar de los perros para adopción. Su calmada aceptación y completa devoción a mi padre y la proximidad de sus muertes.

Y de repente, comprendí. Me di cuenta que, ciertamente, Dios había contestado mis plegarias en busca de su ayuda.


Fuente:


Restaurantes Pet-friendly



Si tu mascota es como parte de tu familia en estos lugares hay algo especial para ellos.





Bow wow deli



Éste es uno de los pocos (tal vez el único) restaurantes (o cafeterías) que admite humanos; el concepto está diseñado totalmente para consentir a tu mascota. En el menú de perros hay una gran variedad de pasteles como el de avestruz, res, pollo y cordero. Para los dueños de las mascotas hay sándwiches, café y cervezas. Todo en este lugar es ideal para pasar un buen y original rato con tu mascota.

Ubicación:

Medellín 40-A, Roma, 52084171




El Kafecito



Esta cafetería es un espacio absolutamente “pet friendly” ya que no sólo permite la entrada a los perros sino que los recibe con un huesito de carnaza que hace aún más agradable su estancia, y los mantiene entretenidos durante un buen rato. Mientras ellos disfrutan su huesito, los dueños pueden ordenar un pan árabe con jocoque, chapatas (jamón serrano, pierna, etc.) o unos bagels. Para hacer más agradable tu estancia se recomienda tomar una copa de vino tinto.

Ubicación:
Mazatlán 20-c, Condesa, 5912 5524






Café Bola Ocho


Es ideal para comer o para tomar un café después de haber paseado con tu perro. Aquí sólo se les permite estar en la terraza, pero ahí siempre tendrán un platito con agua, y a veces croquetas. Mientras, tú puedes pedir alguna de sus pizzas, como la de pepperoni o nutella. El ambiente es súper relajado y totalmente amigable con las mascotas.
Ubicación: Av. México III, Condesa, 5584 0032





Orquídeas Café Bistrot


Una de las razones para venir a este café es su variedad de platillos y especialidades, como ensaladas o pastas (se recomienda la de orquídeas con salmón, brócoli y crema). Otra razón para venir aquí es que las mascotas son amablemente atendidas; pueden estar en la mesa y, como cortesía, se les da un plato con croquetas.

Ubicación:
Av. México 117, Condesa, 5574 7464






Hotel Condesa DF


Este hotel está totalmente abierto a la entrada de mascotas; aparte de poder hospedarte con él (perro, gato, etc) también puedes tener acceso al restaurante, ya sea en la parte de adentro o en la terraza, donde se recomienda probar la barra de sushi y disfrutar de una buena comida sin tener que preocuparte por excluir a tu mascota.

Ubicación:
Av. Veracruz 102, Roma Norte, 5241 2600


Fuente:
Chilango

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